Más allá de una nueva línea de transmisión, el proyecto Tineo-Nueva Ancud puede entenderse como una infraestructura impostergable para el desarrollo de la Región de Los Lagos y especialmente para Chiloé, donde la calidad y continuidad del suministro eléctrico son fundamentales para el crecimiento del territorio.
Cuando se habla de proyectos de transmisión eléctrica, la conversación suele centrarse en torres, kilómetros de línea o desafíos técnicos. Sin embargo, hay infraestructuras cuyo impacto va mucho más allá de lo visible.
Ese es el caso del proyecto Tineo-Nueva Ancud, una iniciativa que tiene implicancias directas en la vida cotidiana, la economía y el desarrollo de una zona completa. Esta nueva línea de alta tensión conectará el continente con la isla de Chiloé a lo largo de cerca de 95 kilómetros, atravesando seis comunas de la Región de Los Lagos.
Pero su relevancia no está solo en su extensión o en su ingeniería, sino en el rol que cumple dentro del sistema eléctrico y el desarrollo posterior de las zonas donde operará.
Una base para el desarrollo de Chiloé
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es su impacto en un territorio con características particulares. Chiloé, por su condición insular, depende hoy de una única línea de transmisión que cruza el Canal de Chacao, infraestructura que tiene más de 25 años, no cuenta con respaldo y cuya capacidad no podrá cubrir la proyección de demanda de electricidad estimada para el corto plazo.
En ese contexto, Tineo-Nueva Ancud introduce un cambio estructural: la posibilidad de contar con una red más robusta, con mayor capacidad y, sobre todo, con respaldo operativo.
Esto significa que, ante fallas o mantenimientos, el sistema puede seguir funcionando, evitando interrupciones masivas que afectan a hogares, servicios esenciales y actividades productivas.
Más que un beneficio técnico, esto se traduce en algo concreto: mayor estabilidad para la vida cotidiana y mayor certeza para el desarrollo del territorio.
Energía como habilitador del crecimiento económico
El desarrollo regional requiere de condiciones básicas que muchas veces pasan desapercibidas, y una de ellas es la disponibilidad de energía confiable.
Las proyecciones indican que la demanda eléctrica en la Región de Los Lagos seguirá creciendo, impulsada por factores como el aumento de la población, el turismo y nuevas actividades productivas.
En ese escenario, una red eléctrica limitada significa riesgos y es también una barrera para el crecimiento. Por el contrario, una infraestructura más robusta permite:
- Sostener el funcionamiento continuo de sectores clave como comercio, salud y educación
- Dar soporte a nuevas inversiones productivas
- Acompañar el crecimiento urbano y turístico
- Reducir la vulnerabilidad frente a contingencias
En este sentido, el proyecto puede leerse como una condición habilitante para el desarrollo económico regional, más que como una obra aislada de transmisión.
El trazado del proyecto, además de unir dos subestaciones, atraviesa seis comunas y territorios con realidades distintas, desde zonas continentales hasta la isla de Chiloé.
Además, al fortalecer la transmisión, el proyecto también contribuye a integrar nuevas fuentes de energía al sistema, aumentando la capacidad de respuesta frente a cambios en la demanda o en la matriz energética.













