En una reciente ceremonia celebrada en Nueva York, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), expresó su preocupación ante la creciente incertidumbre que enfrenta el orden internacional. Durante el evento, donde fue galardonada con el premio Wolfgang Friedmann por sus destacadas contribuciones al derecho internacional, Lagarde subrayó que la confianza de Estados Unidos en el sistema global está en declive. Este marco de cooperación, considerado vital para la estabilidad mundial, se encuentra en riesgo, según Lagarde, ya que el país que tradicionalmente ha respaldado dicho orden empieza a cuestionar su efectividad.
La ceremonia de entrega del premio tuvo lugar en el prestigioso The University Club of New York, donde Lagarde utilizó el escenario para criticar la idea de un ‘nuevo orden mundial’. Según sus palabras, esta noción representa un regreso a viejas dinámicas de coerción y mercantilismo, haciendo un llamado a la defensa del sistema internacional que se ha establecido desde el siglo XVIII. La economista recordó que el surgimiento de naciones como Estados Unidos y los países latinoamericanos tras su independencia trajo consigo conceptos que transformaron la política mundial, destacando la autodeterminación y la limitación del uso de la fuerza.
Lagarde enfatizó que la decisiva pérdida de confianza de Estados Unidos en las reglas internacionales repercute negativamente en la estabilidad del orden global. «Cuando el garante de un orden empieza a dudar de él, ese orden está en peligro», afirmó, reconociendo la complejidad de las interacciones entre naciones. Recordó que las tensiones comerciales, como las que surgieron entre Estados Unidos y China, evidencian la interdependencia mundial y la rapidez con la que se requieren soluciones en un sistema interconectado.
A lo largo de su discurso, Lagarde abogó por la reforma del sistema internacional, expresando la necesidad de adaptarlo a los tiempos actuales y a las nuevas realidades geopolíticas. Aunque no aludió directamente a su rol en el BCE ni a las especulaciones sobre su posible salida anticipada del cargo, su mensaje sobre la importancia de construir confianza a través de acuerdos bilaterales y regionales quedó claro. La presidenta ha sido una voz constante que urge a la unidad internacional frente a la creciente tendencia hacia el unilateralismo y la desintegración de alianzas estratégicas.
En sus intervenciones anteriores, Lagarde ha defendido la necesidad de que la Unión Europea actúe con determinación colectiva, especialmente ante las políticas del presidente estadounidense Donald Trump. Su llamado a la acción refleja una preocupación más amplia sobre cómo las decisiones unilaterales de grandes potencias pueden reconfigurar el mapa económico y político mundial. Con estas reflexiones, Lagarde no solo destaca su papel como líder en la economía europea, sino que también se posiciona como una fuerte defensora de un orden global basado en la cooperación y el respeto mutuo entre naciones.













