Las elecciones generales de 2026 en Perú han dado un giro inesperado, después de que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) informó que la segunda vuelta presidencial se llevará a cabo entre Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, representante de Juntos por el Perú. Este resultado se definió tras un delicado cómputo electoral en el que, al concluir el conteo de las actas, Fujimori Higuchi obtuvo 2,877,678 votos mientras que Sánchez Palomino alcanzó 2,015,114. Esto ha dado lugar a una nueva contienda en la que ambos candidatos buscarán las preferencias del electorado el próximo 7 de junio.
La lucha por el segundo lugar fue la que capturó la atención de muchos expertos y ciudadanos durante la primera ronda electoral. Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, mantuvieron un reñido enfrentamiento que se decidió por un margen extremadamente estrecho de 21,210 votos. Este resultado no sólo refleja las afinidades políticas entre los electores sino que también plantea un escenario similar al de las elecciones de 2021, donde se elevaron las tensiones entre la izquierda y la derecha. Según el analista José Tello, este patrón electoral podría causar cambios significativos en el panorama político peruano, donde la actual disputa suscita comparaciones sobre las antiguas divisiones políticas del país.
El análisis de los votos válidos permite identificar los bastiones de apoyo de cada candidato. Keiko Fujimori mostró un fuerte respaldo en el norte del país, destacándose en regiones como Tumbes, Piura y Lambayeque, así como en Ica y el Callao. Su influencia se extiende además a algunas zonas de la sierra central y de la Amazonía, donde logró atraer a los votantes peruanos en el extranjero, particularmente en Argentina y Chile. En contraste, Roberto Sánchez se consolidó en regiones del interior del país, como Cajamarca y Cusco, aunque no tuvo la oportunidad de liderar la votación fuera de Perú, un factor que podría influir negativamente en su capacidad para proyectar su candidatura.
Ambos candidatos han configurado sus respectivas fórmulas presidenciales de acuerdo a sus bases de apoyo. Keiko Fujimori está acompañada por Luis Galarreta y Miguel Torres en las vicepresidencias, mientras que Roberto Sánchez cuenta con Analí Márquez y Brígida Curo como sus compañeras de fórmula. Esta amplia variedad de candidatos en la primera vuelta, donde participaron 35 contendientes, refleja una fragmentación del voto que se considera altamente significativa en el contexto político peruano, según la politóloga Marisol Vargas de la Jara, quien resalta cómo estos resultados generan desafíos en las posibilidades de gobernabilidad y legitimidad para quien resulte electo.
Con la proximidad de la segunda vuelta, los candidatos deberán trabajar arduamente para seducir a un electorado que en muchos casos no se sintió representado en la primera jornada electoral. La dispersión de los votos será un factor crucial a considerar, ya que una victoria podría depender no solo de ampliar sus bases de apoyo tradicionales, sino también de atraer a aquellos votantes que buscaron alternativas. De este modo, la campaña electoral se tornará fundamental no solo para el destino de sus propuestas, sino también para el futuro político del país, que sigue dividido entre sus diversas corrientes ideológicas.













