En diciembre del año pasado, el Informe de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central de Chile anticipaba un crecimiento del PIB entre el 2% y el 3% para el año en curso. Esta proyección, optimista en comparación con la antes estimada de 1,75% a 2,75%, fue divulgada el 17 de diciembre, pocos días después de la victoria presidencial de José Antonio Kast, quien asumió el liderazgo gubernamental tras Sebastián Piñera. En aquel momento, el Banco Central se mostraba confiado en que la economía mundial se mantenía resiliente ante diversas incertidumbres y que las condiciones financieras estaban mejorando, con precios del petróleo alrededor de los $80 y el cobre alcanzando máximos históricos.
Sin embargo, al analizar la situación actual, la realidad es profundamente preocupante. Chile se encuentra en un estado cercano a la recesión técnica, con proyecciones de crecimiento por debajo del 1% y una tasa de desempleo que acecha los dos dígitos, lo que se traduce en casi un millón de personas desempleadas. El economista José De Gregorio, expresidente del Banco Central, ha expresado su sorpresa ante esta desaceleración, subrayando que la situación es difícil de explicar. Si bien se menciona la guerra en Medio Oriente como uno de los factores que han influido en el deterioro económico, De Gregorio señala que otras economías no han sufrido un golpe tan severo como el chileno.
Además de los conflictos internacionales, se ha apuntado al impacto del discurso del nuevo gobierno, que ha prometido recortes significativos en el gasto público. Sin embargo, De Gregorio critica esta hipótesis, pues las cifras de ejecución presupuestaria indican que el gobierno no ha implementado aún esos recortes, sugiriendo que no hay un apretón fiscal inminente. A pesar de la caída en la producción minera, que ha afectado gravemente el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec), el PIB no minero también se prevé que crezca menos del 1%. Esta situación alarmante parece demandar un análisis más profundo de las expectativas económicas de los chilenos.
Las expectativas han disminuido radicalmente en Chile, mucho más que en otras naciones, lo que ha sido atribuido en parte al discurso pesimista del gobierno de Kast al asumir el mando. Esta caída en la confianza se ve reflejada en la economía, donde la impresión de que el país enfrenta serios problemas financieros ha llevado a un enfriamiento en el consumo. Un suceso particularmente señalado por De Gregorio es el ‘bencinazo’ de marzo, cuando el gobierno ajustó los precios de los combustibles, resultando en un aumento de costos que afectó directamente a los hogares y, por ende, a la actividad económica, al reducir el poder adquisitivo de la población.
Finalmente, al abordar el mercado laboral, De Gregorio señala que la alta tasa de desempleo está estrechamente relacionada con el estancamiento económico. Existen problemas estructurales en el mercado de trabajo, y ciertas iniciativas, como la reducción a una jornada laboral de 40 horas, han generado inquietud entre los empleadores sobre el costo de contratar. A pesar de que esta reforma podría ser beneficiosa en un contexto moderno, su implementación actual podría estar contribuyendo a la incertidumbre y la falta de crecimiento en el empleo. En medio de todos estos desafíos, De Gregorio mantiene un leve optimismo para el próximo año, pronosticando un rebote en la economía chilena, pero advierte que las condiciones actuales no pueden mantenerse por mucho tiempo.











