En el contexto internacional, la economía chilena se beneficia de un entorno global más favorable, impulsado en gran parte por el desempeño robusto de la economía de Estados Unidos. Durante el tercer trimestre, se reportó un crecimiento que superó las expectativas del mercado, lo que ha generado optimismo en los inversores y analistas. En particular, el aumento del precio del cobre se destaca como un factor positivo para Chile, situándose por encima de los niveles registrados al cierre de la reunión anterior. Sin embargo, este panorama optimista se ve contrarrestado por una serie de riesgos geopolíticos y financieros que amenazan la estabilidad del macroentorno económico mundial, lo que podría influir en el futuro de las políticas económicas en Chile.
A pesar de la mejora en los términos de intercambio gracias al incremento en los precios de commodities como el cobre, se han observado tensiones en las condiciones financieras, especialmente en los Estados Unidos. Estos cambios han llevado a una preferencia decreciente por activos estadounidenses, mientras que las economías emergentes, y particularmente América Latina, han comenzado a mostrar signos de recuperación. Desde la última reunión de diciembre, los mercados bursátiles han experimentado incrementos sustanciales y las divisas de varios países emergentes han presentado una apreciación frente al dólar, lo que podría facilitar un entorno más propicio para la inversión en la región.
En el ámbito doméstico, las tasas de interés de corto y largo plazo han mostrado movimientos limitados, lo que ha contribuido a que el diferencial con Estados Unidos sea menos marcado. El peso chileno ha logrado apreciarse en este contexto, mientras que el mercado crediticio se presenta sin grandes cambios. De acuerdo con la Encuesta de Crédito Bancario (ECB) del cuarto trimestre de 2025, las condiciones de oferta en los diferentes segmentos del crédito se mantienen estables, aunque se ha detectado un aumento en la demanda, especialmente en el sector inmobiliario, lo que podría apuntar a una mejoría en la actividad económica.
A nivel de la actividad económica interna, el índice Imacec (Indicador Mensual de Actividad Económica) total y no minero mostró contracciones mensuales del 0,6% y 0,5%, respectivamente, en noviembre. Esta caída tuvo su origen en la disminución de servicios empresariales y del sector de transporte, aunque el comercio se destacó por registrar un crecimiento mensual. A pesar de estos resultados negativos, se considera que muchos de los factores que impactaron el Imacec son de naturaleza temporal, lo que sugiere que la economía podría recuperarse en el corto plazo. Los indicadores de consumo e inversión apuntan a un crecimiento alineado con las expectativas, lo que genera una esperanza de estabilidad en el futuro cercano.
En cuanto al panorama inflacionario, la inflación total y subyacente se ubicó en 3,5% y 3,3%, respectivamente, para el mes de diciembre. La inflación subyacente ha sido notablemente influenciada por la caída en el precio de bienes, y las expectativas para los próximos dos años se mantienen en el 3%. Esto indica que, aunque la economía enfrenta desafíos, el Consejo busca mantener la inflación en sus objetivos, evaluando las opciones de política monetaria en su reunión de marzo. La minuta de la reunión se anuncia para el 4 de febrero, mientras que la próxima reunión está programada para el 24 de marzo, lo que permitirá a las autoridades económicas analizar detenidamente la evolución de la economía y ajustar las políticas necesarias para un crecimiento sostenido.














